Meditaciones al borde del andén (Pongamos que hablo de Madrid)
current song: Pongamos que hablo de Madrid// Sabina
Cuando los sucesos se precipitan y el tiempo no deja cabida a las reflexiones profundas, a una no le queda más remedio que adaptarse o morir. Supongo que más por aquello de "mala hierba.." que por otra excusa digna de más altura he optado por subirme al tren en lugar de precipitarme a la vía, no siendo que con mi buena suerte en lugar de arrancármela me la dejara lisiada y vegetativa. ¡¡Esa no son formas para una heroína que se precie!!
Una de las cosas que más ha dilatado mi ausencia de este blog es la peregrina excusa de no saber por dónde empezar ni qué cosas contar o cuáles de ellas omitir. Por eso comenzaré por contaros que estoy bien, respiro, me levanto todos los días a la misma hora intempestiva y me acuesto como todo ser humano a la misma hora de siempre, en la misma cama de siempre y con el mismo sueño de siempre: ser profesora de español, allá donde me quieran aceptar.
El reloj sigue apabullándome y mis trayectos diarios se pueden resumir en: de casa a clase, de clase al trabajo y del trabajo a casa. Pero aunque pueda parecer agobiante -que lo es, ciertamente- soy feliz. Vine a Madrid a hacer un master que me supone grandes retos a diario pero también grandes satisfacciones, a pesar de haberme cargado la nota con el inoportuno chiste pragmático.
El miércoles pasado hice mis primeros pinitos como profesora de español en una escuela de idiomas, en una clase de verdad y con unos guiris de verdad. Y aunque yo la catalogaría de aburrida prefiero quedarme con las palabras de mi tutora: "Serás una gran profe de español, porque tienes buena madera".
Esfuerzos titánicos hago a menudo para poder compaginar el trabajo a media jornada con las clases, las prácticas, los trabajos y los exámenes. Creo sinceramente que no puede haber nada mejor que empezar una etapa de formación y continuar con ilusión y ganas de aprender después de tres meses. Por eso ¿cómo no voy a estar contenta a pesar de todo? y si además tenemos en cuenta que solo valoramos las cosas que nos suponen un gran esfuerzo, con más motivo me siento recompensada.
La última nota que colgaron en el aula me calificaba con un 9 y no tendría mucha importancia si no fuera porque quien valoraba el examen es uno de los mejores gramáticos de lengua española de la actualidad. Uno de esos hombres que se caracterizan por su sabiduría y su humildad y que ha conseguido que vuelva a interesarme por la "gramática parda" que algunos denominan y por la que perdí el interés -recuperado ahora nuevamente- en los tiernos años de la facultad de filología vetustense.
Por último, y antes de terminar con esta entrada tediosa os revelaré que el 2007, además de buenas notas me ha traído una sorpresa agradable: en contra de lo que he pensado muchas veces mi patata no está muerta del todo. La culpa de este descubrimiento la tiene un francés de 26 años, que me mira como si yo fuera la ensoñación del poeta ante la inspiración de su mejor composición o de un pintor ante su obra más espiritual.
Ya os dejo por hoy deseando que este año sea para vosotros mejor aun si cabe que para mí. Besos amigos.




